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Thursday, July 12, 2007 

Ensayo

Monte Verde y Clovis

El descubrimiento del Sitio Monte Verde y los hallazgos hechos hace cerca de 30 años ahí, es un acontecimiento de vital relevancia para tratar de entender cómo y cuándo llegaron los primeros habitantes humanos a estas gélidas y australes tierras. Monte Verde, además de plantear una posibilidad o hipótesis de cómo se asentaron los primeros habitantes humanos del “nuevo mundo”, pone en entredicho y hecha por tierra una teoría que, hasta antes del descubrimiento de Monte Verde, era bien aceptada y popular en la comunidad científica.

Lo cierto es que hablar de Monte Verde necesariamente implica referirse a la vieja y ya anacrónica teoría Clovis, desarrollada cerca de los años 30 del siglo pasado en el país del norte (Estados Unidos). Ésta plantea, a grandes rasgos, que los primeros hombres que habitaron América habrían llegado hace cerca de 11.500 años -período cercano al comienzo de la última etapa del Pleistoceno, conocida como Holoceno- antes del presente y que, además de eso, éstos habrían habitado un espacio geográfico llamado Nuevo México, en Estados Unidos. Esto implicaría que todo asentamiento humano en otra parte del territorio que comprende el continente americano habría sido ocupado de forma posterior y, además, todo grupo humano presente en algún momento determinado de la historia, provino del ya mencionado Nuevo México.

Monte Verde plantea algo distinto y no fue fácil convencer al mundo científico de la veracidad de los datos que entrega el ya conocido hallazgo. Es cierto que el hallazgo es inusual y de características muy poco comunes, lo cual entrega una cuota de incredulidad a los científicos más conservadores, sentimiento que se traspasa de forma casi automática a los “no científicos”, gracias a la autoridad de los primeros. Los Monteverdinos habrían habitado un lugar cercano a Puerto Montt hace cerca de 12.500 años. Entonces la pregunta correspondiente es: si el hombre americano proviene de Siberia y luego se trasladó por el estrecho de Bering para llegar hasta lo que se conoce actualmente como Alaska para, más tarde, asentarse en Nuevo México, como argumenta el modelo Clovis ¿cómo es posible que seres humanos hayan vivido cerca de 1.000 años antes de lo que Clovis plantea, en un lugar considerablemente lejano y al extremo del supuesto primer asentamiento americano? Lo cierto es que para llegar desde el norte de América hasta nuestras australes tierras, un humano de aquellas lejanas épocas -considerando todas las limitaciones existentes en aquellos remotos tiempos para trasladarse de un lugar a otro- se habría demorado varios cientos de años.

¿Por qué tanta preocupación y desconfianza con los Monteverdinos? Simple: tal idea es un suceso sin parangón en la historia reciente de la antropología y la arqueología e implica necesariamente un cambio en la forma de pensar, estudiar y conocer los orígenes de los primeros habitantes de estas tierras. En palabras simples, implica un cambio de paradigma.

Nuestro modelo de mundo creía en que Clovis tenía la razón y la autoridad para decir que los primeros americanos del continente habitaron hace 11.500 años atrás un lugar de Estados Unidos. Eso ya no existe. Tal idea está totalmente refutada por los hallazgos hechos en Monte Verde. En este lugar hay evidencias de asentamientos humanos que datan de 12.500 años y se cree que en una capa más baja de sedimento se podrían encontrar artefactos que datan de 33.000 años antes del presente. Por tanto, no cabe duda alguna de la veracidad de lo estudiado, recolectado y escrito en relación al sitio.

Quizás la reticencia de algunos destacados científicos y arqueólogos en su momento para aceptar las ideas que Monte Verde presenta, pasa más por un temor a perder una hipótesis que, hasta cierto punto, era satisfactoria : el paradigma Clovis. Dicho de otro modo, esto plantea que los argumentos usados -que la gente que trabaja en Monte Verde no es aún reconocida, que el sitio es “raro”, que la capacidad de los investigadores es cuestionable, etc.- hablan de un apego de tipo emocional más que racional. O sea, en términos científicos -que es como debiera ser- no hubo argumentos del todo válidos. Llegó a tal punto la reacción de estos connotados defensores de Clovis, que algunos viajaron hasta nuestro país para revisar las evidencias con sus propios ojos -algo inusual y casi vergonzoso en la comunidad científica, pues esto implica que los investigadores relacionados a los descubrimientos son unos mentirosos y estafadores- debido a que no confiaban en las capacidades y estudios de los académicos involucrados en los hallazgos, entre ellos Tom Dillehay y Mario Pino. Lo cierto es que por fin el mundo científico pro-Clovis se convenció de que Monte Verde eras mucho más de lo que sospechaban: un cambio de paradigma.

Lectura recomendada:
Monte Verde: Un asentamiento humano del pleístoceno tardío en el sur de Chile
Dillehay, Tom D.
2004

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